Tres ideas para evitar que las plantas de jardines, terrazas o balcones no sufran las consecuencias del frío invernal

 

Fotografía de planta congelada.
Uno de los grandes problemas con los que se enfrentan aquellas personas que tienen plantas en los exteriores de sus viviendas es la llegada de las heladas invernales. El hielo puede acabar con meses de mimo y cuidado de estas plantas. Un daño que, puede ser evidente en el aspecto exterior, pero que también afecta a otros elementos como las raíces, que en caso de congelación pueden dejar de cumplir su necesaria labor de absorción de agua y nutrientes.
Para evitar encontrarnos con estos problemas, te presentamos tres consejos muy útiles que te permitirán adelantarte a los acontecimientos y garantizar que tus plantas sobrevivan a cualquier invierno.
REDUCIR AL MÁXIMO EL RIESGO
Desde finales del verano conviene ir reduciendo progresivamente el riego de cara al invierno. ¿Por qué? Porque cuando llega la estación más fría del año el agua se congela bajo la superficie y puede afectar de forma grave a las raíces. Los expertos consideran, de hecho, que es mucho más perjudicial este efecto interno que las propias heladas externas que afectan a tallo y hojas. Además, debemos asegurarnos de que las macetas y las jardineras cuenten con un sistema de drenaje correcto para que no se estanque el agua.
RECUBRIR MACETAS Y PLANTAS
Tanto si las plantas están en maceta como en la tierra del jardín un remedio eficaz es el de cubrirlas. Si tenemos macetas podemos trasladarlas a un lugar cubierto tipo porche y/o cubrirlas con un plástico transparente sencillo o bien el de burbujas que suele utilizarse para embalar. Otras alternativas son la tela de arpillera o el papel de periódico. En este caso podemos agruparlas todas juntas en dos o tres filas (si es al lado de una pared orientada hacia el sur mucho mejor), colocar algún palo o estaca más alta que las plantas en los extremos y proceder a cubrirlas sin que la cubierta roce sus hojas como si se tratase de un invernadero pequeño.
Un efecto muy común de las heladas es que las macetas de cerámica, terracota o barro acaben por estallar o romperse cuando tras congelarse el agua se expande. Para evitar esto (y según el número de macetas que tengamos) podemos optar por meterlas dentro de otras macetas más grandes y poner en el espacio que queda entre ambas algún material que ayude a la planta a conservar el calor como puede ser la paja.
En el caso de las plantas que están en la tierra del jardín se pueden cubrir también con plástico utilizando como soporte unas estacas o incluso caballetes o sillas. Lo importante es evitar que la cubierta roce las plantas para no dañarlas. También es importante retirar esta cubierta durante las horas del día para que no se condense la humedad, evitar que se asfixien y para que reciban de la mejor forma los rayos de sol.
Si se prefiere, en el mercado existen también elementos algo más profesionales como los mantos y fundas de hibernación o los mini invernaderos desmontables. Estos mantos y fundas suelen fabricarse con materiales naturales y biodegradables utilizando tejidos ligeros y permeables al agua y al aire que al mismo tiempo dejan pasar la luz. De esta manera procuran calor a las plantas pero también evitan su deshidratación.
Los invernaderos serían la opción más adecuada para las plantas más delicadas, los semilleros o los plantones y las plantas jóvenes. Los hay de diversos tamaños por lo que podemos colocarlos incluso en un balcón o terraza y son fáciles de desmontar y guardar una vez pasados los meses más duros del año.
CREAR UNA CUBIERTA PROTECTORA
Aparte de todo lo anterior, los expertos en jardinería también recomiendan practicar lo que se conoce como mulching o acolchado, que no es otra cosa que colocar un mantillo sobre la tierra para proteger a las plantas. Entre los materiales más populares a la hora de ‘acolchar’ encontramos la paja, el heno, las hojas de pino, las cortezas, las hojas apiladas o algún compuesto artificial fabricado para este fin.
Por un lado, este mantillo ayuda a retener la humedad, y por otro, cuando las temperaturas son más bajas consigue que el sustrato permanezca más cálido y evita la temida congelación de las raíces. Lo ideal es que este mantillo tenga una altura de entre 5 y 10 centímetros.
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